Félix, la tortuga valiente

Félix, la tortuga valiente

Conoce el cuento de Félix, la tortuga valiente

Hoy te traigo en cuento de Félix, la tortuga valiente, una bella historia que nos cuenta lo que le pasó a esta tortuguita y como lo solucionó.

La historia comienza con Félix, una tortuguita que se encontraba esperando al autobús que todos los días lo llevaba a la escuela. Se veía triste, tenía la mirada hacia el suelo y su cara se notaba desanimada.

Su mamá notó eso, y le preguntó “Félix, querido, ¿qué te pasa? Te veo muy cabizbajo.”

“Nada mami, solo me siento un poco cansado” contestó Félix, intentando sonreír.

Pero Félix si tenía un motivo para estar triste: no tenía amigos en la escuela. Siempre tenía que sentarse solo, y nadie le hablaba. Todos lo miraban muy raro, y el no comprendía por qué.

Al llegar a la escuela, entró un poco más tarde que los demás al salón. Cuando abrió la puerta, todos lo miraron mal, y tuvo que sentarse al fondo del salón, en una esquina.

La clase pasaba lentamente, y Félix estaba distraído. El maestro lo notó, y le pidió que pasara a leer su tarea al frente de todos.

Félix se levantó, y camino lentamente hacia el pizarrón. Comenzó a leer su tarea, pero estaba tan nervioso y tenía tanto miedo que leyó muy lentamente.

Cuando los demás niños escucharon su extraña forma de leer, se rieron a carcajadas. Una jirafa, llamada Jack, dijo: “Seguramente lees tan lento porque eres una tortuga.”

Félix, la tortuga valiente

Félix se sintió muy apenado, y el maestro, enojado, hizo que todo el salón se callara. Mandó a la pequeña tortuga a sentarse, y los demás continuaron leyendo sus tareas.

Después de un rato, tocaron la campana para salir al recreo, y todos se pusieron de acuerdo para armar equipos y jugar a la pelota, pero Félix ni siquiera se acercó. Todos salieron corriendo a jugar.

Félix se sentó en una esquina del patio a observarlos, y pensó “Si yo no fuera una tortuga, lenta y torpe, tal vez ellos querrían jugar conmigo.”

Una ardillita llamada Liz, vio a Félix a lo lejos, y le gritó “Félix, ¿quieres estar en mi equipo? Nos falta un jugador.”

Al escuchar la petición de Liz, se alegró muchísimo. Era la primera vez que lo incluían en alguna actividad. Así que se levantó y aceptó jugar. Estaba tan emocionado que no notó una piedra en su camino, y se tropezó con ella.

Cayó al suelo haciendo mucho ruido, y todos los niños comenzaron a reírse de él, menos Liz, que corrió a ayudarle a levantarse.

Jack, la jirafa, le dijo “Te lo dije, eres una tortuga lenta y tonta, nunca vas a poder hacer algo bien”

Félix, la tortuga valiente

Félix se sintió muy mal por ese comentario, y se fue corriendo hacia su casa.

Cuando llegó, su mamá lo vio llorando y le preguntó el por qué. Félix respondió “Si yo no fuera una tortuga fea y tonta, los demás querrían ser mis amigos.”

“Hijo, no te sientas mal por lo que esos niños opinan. Las diferencias nos hacen especiales, y hasta el más pequeño animal tiene defectos. A pesar de tenerlas, siempre tenemos que sacar lo mejor de nosotros mismos.”

Félix se animó mucho con las palabras de su mamá, así que al día siguiente volvió a ir a la escuela. Volvieron a burlarse de él, pero en lugar de ponerse triste, se armó de valor.

“Tal vez leo un poco más lento que todos los demás, pero eso no es malo, porque los demás pueden entender lo que estoy diciendo.”

Cuando sonó la campana para ir al recreo, Liz invitó a Félix a jugar. Pero decidió mostrarles a todos un truco que sólo él sabía. Se metió a su caparazón, y se puso a rodar.

Rodó tan rápido que empujó la pelota más fuerte de lo que los demás lo habían hecho. Todos le aplaudieron y les pidieron que les enseñara su técnica.

Jack, la jirafa, le pidió disculpas y le preguntó cómo había aprendido eso.

“Soy un poco más lento que los demás, pero eso no significa que no pueda ser bueno. Todos lo somos, y también fuertes e inteligentes. Debemos valorarnos tal y como somos.”

Félix, la tortuga valiente

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