Cuento de Pedro y el Lobo

CUENTO DE PEDRO Y EL LOBO

El Cuento de Pedro y el Lobo

El día de hoy te contaré el Cuento de Pedro y el Lobo, un hermoso cuento que nos enseña a no decir mentiras para que no dejen de creer en nosotros.

En un pueblito vivía un niño llamado Pedro el cual tenía un gran rebaño de ovejas las cuales a diario llevaba a pastar cerca de un arroyo.

Sus papás le habían enseñado que siempre que se encontrará con algún vecino del pueblo lo saludara amablemente, Pedro obedecía a sus padres y cuando salía de casa con su rebaño saludaba a todos…

¡Buenos días señor Juan!

¡Buenos días Doña María!

¡ Buenos días Carlitos!

Y así Pedro iba todo el camino dando los buenos días, pero nadie le contestaba el decía: “Seguro por qué están tan ocupados en sus trabajos no me saludan, pero por la tarde yo creo ya lo harán”.

Pedro llevaba hasta la orilla del arroyo a su ganado y se sentaba debajo de un árbol el cual era tan grande y frondoso que le daba buena sombra, y desde ahí cuidaba y guiaba al ganado.

Cuando era hora de regresar a casa Pedro juntaba a su ganado  y se iba muy contento silbando y cantando , al entrar al pueblo nuevamente comenzaba a saludar a sus vecinos

-¡ Buenas tardes Don Manuel!

-¡ Que tal señora Sánchez!

– ¡Hola mi buen José!

Y así  seguía saludando a todos sin que nadie le respondiera.

Al día siguiente al  salir de nuevo con su ganado rumbo al arroyo y cuando comenzaba a saludar nadie le respondía.

Pedro llegó hasta el arroyo, se sentó debajo del árbol de siempre y se puso a pensar el por qué la gente no le contestaba.

– ¡Bueno, ni siquiera me voltean a ver!

¿Qué les hice para que sean tan groseros conmigo?

¡Tengo que pensar en algún plan para que por lo menos me hagan caso por un día!

Así que ese día decidió que al entrar al pueblo diría que un lobo lo estaba siguiendo.

Pedro entró al pueblo gritando “¡Auxilio, auxilio! Un lobo me viene siguiendo…”

Los vecinos del pueblo le dicen

“Ven acá Pedrito, no dejaremos que el lobo te haga daño a ti o que se coma a tu ganado…”

CUENTO DE PREDRO Y EL LOBO

Por lo que algunos vecinos se acercan a la entrada del pueblo con palos, al no ver nada se regresan a dónde está Pedro y le dicen no vimos nada pero seguro que se fue al escuchar tus gritos de auxilio.

Pedro da las gracias y se va muy contento a casa pues había logrado que más de un vecino pronunciada su nombre y cuidara de el.

A la mañana siguiente cuando Pedro salió de su casa y se dirigía con su rebaño al arroyo, sin el saludar los vecinos le decían:

“¡Pedrito ten cuidado!”

“Pedro ¡Buenos días!”

“¡Pedrito cuídate!”

“¡Pedro ten cuidado con el lobo!, si se te acerca grita y nosotros iremos a ayudarte”.

Pedro se puso muy contento pues por fin lo habían saludado, se  fue muy contento y al llegar al arroyo y sentarse debajo del árbol pensó que si hacia lo mismo los vecinos lo volvería a ver .

Así es que ese día se regreso más temprano de lo normal y al entrar al pueblo grito de nuevo:

“¡ Auxilio, auxilio! ¡Ayúdenme ¡ El lobo está tratando de comerme…”

Los vecinos enojados con el lobo salieron todos hacía el arroyo con palos y piedras y comenzaron a lanzar las sin saber que el lobo jamás se había puesto a seguir a Pedro.

Pedro de nuevo se alegro pues por segundo día le habían puesto atención, regresaron los vecinos y le dijeron a Pedro que no había nada que por más  que lanzaron piedras y palos el lobo jamás había salido.

Pedro dijo que seguramente era por qué lo que tenía era hambre pues había tratado de atraparlo a él .

Al día siguiente que salió Pedro junto con su ganado, los vecinos se acercaban a Pedro diciéndole que se cuidase pero además le daban fruta y una que otra bebida.

Le decían que si veía que el lobo se trataba de acercar le lanzará la fruta que le estaban dando y que corriera a avisarles para que ellos lo atraparan.

A Pedro esto le sorprendió pues después de mucho  tiempo  los vecinos lo habían saludado en las mañanas y por las tardes también.

Así ese día se sentó bajo el árbol y se empezó a comer toda la fruta que le habían dado quedó tan satisfecho que se quedó dormido, despertó y se dio cuenta que ya era hora regresar a casa.

Al hacerlo recordó lo que los dos días anteriores había pasado y comenzó a gritar de nuevo: “¡Auxilio!”

A los vecinos se les hacía muy raro pues ellos no veían nada; salieron a ayudarlo pero el resultado fue el mismo ningún lobo andaba cerca.

Cuando los vecinos regresaron le preguntaron a Pedro si no le había lanzado todos la fruta que le habían dado el dijo que si pero que aún así lo había seguido.

Los vecinos del pueblo estaban muy molestos no con Pedro si no con el lobo que no lo dejaba cuidar de sus ovejas bien.

Los vecinos se reunieron y propusieron que Pedro ya no fuera al arroyo por unos cuantos días, seguro el lobo se cansaba de esperar y se iría a otro bosque a buscar a quien comerse.

A  Pedro esto no le agrado ni tantito pues sabía que no había lobo y si el no iba al bosque junto al arroyo los vecinos lo iban a ignorar de nuevo.

El así que les dijo que esa no era buena idea pues si el no salía con sus ovejas, morirían de hambre; los vecinos estaban de acuerdo, así que le dieron más fruta y un palo para que le pegará.

Pedro aceptó todo pues sabía que no corría peligro, al llegar al arroyo dejo a sus ovejas a su suerte y comenzó a comer todo lo que llevaba con el , se quedó dormido.

Y ese momento un vecino que se le hacía muy raro que solo Pedro veía al lobo lo siguió y se dio cuenta que era el quien se comía los fruto y ningún lobo aparecía en su caminó.

El vecino no despertó a Pedro ni le dijo nada a los vecinos, pero busco a un lobo y le dijo que le fuera a dar un susto a Pedro; por la tarde Pedro fue a casa y gritando lo mismo, algunos vecinos ya no le hicieron caso otros tanto lo auxiliaron si encontrar al lobo.

Al día siguiente en el que Pedro regreso al bosque comenzó a hacer lo mismo de los días anteriores pero en esta ocasión al quedarse dormido el lobo se acercó a él.

E hizo que los borregos lo siguieran y se los llevó muy lejos de donde estaba Pedro.

El lobo regresó y se puso un lado de Pedro a esperar a que despertara cuando lo hizo pego un grito de susto pues ahora sí un lobo estaba cerca de el.

CUENTO DE PEDRO Y EL LOBO

Pedro volteó a buscar a su ganado y se dio cuenta que no había nada, el lobo en ese momento se sobó la panza diciéndole que las ovejas estaban muy deliciosas que cuando llevaría más.

Pedro salió corriendo espantado y pidiendo ¡Auxilio! Pero nadie lo ayudo más.

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